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Sunday, November 21, 2010

REFLEXION INICIAL DE CARLOS, DEPARTAMENTO DE INGLES, I.E.S. SAN BLAS, ARACENA

Reflexión Inicial
“La enseñanza/aprendizaje de lenguas según mi punto de vista”
para el grupo de Trabajo “Unidos por distintas lenguas”,
del I.E.S. San Blas, de Aracena.
Noviembre 2.010.


Mi padre me dio un duro en Córdoba la primera vez que pronuncie bien “perro”. Tuve luego que aprender a decir el final de las palabras y a cerrar un poco las vocales cuando nos trasladamos a León. Mas tarde, el catalán se quedó a vivir conmigo en las calles de Reus, y en sus escuelas, con su literatura, su gramática, su ortografía, su política. El significado de “Filología” lo descubrí en Valladolid en un diccionario, instantes después de haberme matriculado. Volví al sur ya mayorcito, con demasiadas sibilantes y unos cuantos diccionarios.

En Birmingham y San Francisco descubrí que el inglés de mi Licenciatura no era suficiente para hablar de algo mas que de Chomsky, y se me antojaba francamente precario en lo relativo a los vocablos relacionados con la ropa interior. En Tahití me apañé con un cóctel francés de español, ingles y catalán para mostrar mi sorpresa cuando pagué cuatro dólares por un yogur, al tiempo que intentaba recordar el nombre de aquella maestra anciana de francés y del chico nativo del que copié los exámenes en dos cursos de mi educación primaria.

Un día me sorprendí a mi mismo intentando enseñar la omisión opcional del pronombre relativo en inglés a dos médicos antes de incluso decirles buenos días. Y recuerdo, cómo no, los restos de tinta roja en mis manos después de censurar numerosos incunables trabajos de escritura de mis párvulos adolescentes. Y aquel médico que demostró a Chomsky, cuando, manipulando los animales de juguete que usábamos en nuestras clases privadas, dijo: “The cat is running. The dog is drinking water. The donkey is fucking the cow”.

Estaba nublado cuando descubrí mi primer libro de Krashen en la biblioteca del British Institute de Sevilla. Y muy soleado el día en que, en Los Ángeles, me dijo que el también se había metido en muchos líos por sus teorías, al tiempo que me dedicaba un ejemplar de “Learn a Language The Easy Way”.

La única estudiante que no aprobó aquella lejana navidad en Baza me rompió el corazón cuando, sumida en lágrimas, insistió en que aceptara el doble LP de Los Beatles que tanto habíamos canturreado. La LOGSE hervía en los claustros y en mis creencias. Los Reyes Magos me dijeron que esa chica estaba aprobada.

Me es difícil, por todo ello, distinguir claramente entre lo que es aprender, enseñar y usar la lengua. Me cuesta hablar sin opuestos. Se que hay aprendizaje sin enseñanza y enseñanza sin aprendizaje.

Lo que si sé es que mis lenguas se entrelazan, se saludan las palabras cuando se encuentran por un idioma o por otro. El abuelo Latín calcetín de mis hispanitos angelinos, brincando siempre entre el inglés, el español y sus dialectos mayas. Mi catalán es amigo de mi francés, y juegan. Me gusta decir “te quiero” en catalán y brindar en ruso. El japonés tiene mis cinco vocales favoritas aunque, la verdad, todas las que tengo son bonitas.

Decididamente, mi maleta de maestro y de aprendiz de lenguas es de por vida. Un viaje duradero, independiente, intercontinental, interrelacionado, curioso, enamorado. Un viaje que, lección tras lección, siempre deseo a mis alumnos. Y a mis profesores.
Carlos Prieto

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