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Sunday, November 28, 2010

REFLEXION INICIAL DE MARIA SALES, DEL DPTO DE LENGUA INGLESA


Me inicio en este espacio de reflexión de forma un poco tardía, por lo que pido disculpas. No obstante, este hecho me ha permitido curiosear un poco por los textos vertidos aquí por vosotros y hacerme así una idea de vuestra filosofía en cuanto al tema en cuestión: el aprendizaje de lenguas. Para no ser menos, ni defraudar a la audiencia, comenzaré con una pequeña historia: la de una niña que quería ser políglota.

Imaginemos a una niña de cuatro o cinco añitos, cogiendo la ropa de mamá a escondidas y pintándose los labios de carmín. Esa niña que imitaba coreografías de la artista de moda frente al espejo, también memorizaba las palabras que su hermano mayor le había escrito en un papel, ayudándose de un pequeño y amarillento diccionario Sopena Español-Inglés, Inglés-Español. Esas palabras no tenían ningún sentido porque no existían. Solo correspondían a lo más parecido a una transcripción al español de las grafías que su hermano había encontrado en una de esas revistas juveniles- yuvgastail, dasgüeroldegelsei. Aquella niña no tenía ni la más mínima idea de lo que estaba diciendo, pero no le importaba. Lo que sí apreciaba era la musicalidad, el sonido de aquellas palabras acompañadas por la melodía. Al mismo tiempo, y a pesar de su corta edad, sentía en su interior una extraña sensación de satisfacción por ser capaz de pronunciar esos términos tan exóticos para ella. Aquella pequeña creció amando una lengua que no era la materna, pero que hizo suya a base de tesón y buen oído. Una lengua que más tarde saborearía y cuyos misterios trataría de descifrar leyendo el Ulysses de James Joyce,

Con el paso de los años, y después de haber estudiado aquel idioma que tanto me ha atraído siempre, he vuelto a escuchar aquellas canciones de mi niñez. No he podido más que sorprenderme al darme cuenta de que el bagaje acumulado me permitía identificar claramente las palabras una a una, y pensar - muchas veces con cierta desilusión por la simpleza del mensaje- “ah, ¡pero si era esto lo que decía...!”. Por eso, cada vez que los alumnos se quedan al final de la clase y me preguntan: “¿Qué significa tal palabra? Es que la he escuchado en una canción de no sé qué rapero...”, se me enciende la cara y me apresuro a contestar a esos curiosos chavales, animándoles a que sigan escuchando música en inglés - hago un inciso para confesar que el rap es uno de los tipos de música que menos me llaman, not my cup of tea.

Os preguntaréis, entonces, el porqué de mi entusiasmo cuando esto ocurre. Es bastante simple de hecho. Cuando un alumno se interesa por saber lo que dice una canción, o una película, o el último juego de la playstation, se da un factor básico para cualquier tipo de aprendizaje: MOTIVACIÓN. Sin este elemento, el aprendizaje se hace costoso y aburrido, y a veces un obstáculo insalvable para el alumnado. Estamos hartos de ver casos de adolescentes completamente desmotivados en sus clases de lenguas extranjeras, cuestionándose el sentido de aprender una lengua que no entienden y que no les sirve para nada puesto que, según ellos, no van a salir de su pueblo en su vida, o o se van a dedicar a cuidar guarros... What's the point, then?

Dicho esto, cabe formular la siguiente pregunta: ¿qué papel jugamos como docentes en todo esto? Bajo mi punto de vista, nuestro enfoque y nuestra implicación es vital a la hora de entusiasmar al alumnado en cuanto al aprendizaje de lenguas. Si queremos motivar a nuestro alumnado, ¿debemos limitarnos a ofrecerles interminables listas de vocabulario o de tiempos verbales sin ton ni son, que deben memorizar sin saber para qué?; ¿ debemos ser duros cuando, después de mucho esfuerzo, el alumno que se lanza a decir una frase comete varios errores? En este punto, vienen a mi cabeza las palabras de incredulidad que alguna vez escuché de algún compañero que, con sorna, me decía: “¿ Qué propones hacer entonces, divertir a los alumnos? A mí no me pagan para ser un payaso.”

No se trata de eso, compañeros, sino de acercar al alumno la materia de forma amena y entusiasta, de hacerles consciente de la utilidad de aprender otra lengua y de como eso puede ayudarles en sus relaciones personales, en su vida cotidiana o en su profesión el día de mañana; de presentarles la lengua como una herramienta de comunicación, que los hará llegar a los demás y, al mismo tiempo, hará que los demás lleguen a ellos; de hacerles conscientes de que es una forma de ampliar su percepción del mundo, porque la lengua no viene aislada, sino acompañada del conocimiento de la cultura y de la sociedad; de, sin ir mas lejos, hacerles comprender que la comunicación a través del uso de la lengua es, para el ser humano, como comer o respirar, simplemente imprescindible. Yo abogo, pues, por una enseñanza de las lenguas significativa, que sea capaz de motivar a los alumnos, contextualizando siempre los contenidos. Abogo por una enseñanza que fomente por igual las cuatro destrezas comunicativas, en la que los alumnos sean partícipes de su propio aprendizaje, animándoles en sus progresos con constante refuerzo positivo - positive feedback-, tratando de reducir la ansiedad a través del filtro afectivo, como Krashen nos enseñó. Esto no será infalible, pero sí efectivo en cierta manera. Y si al menos conseguimos que la mayoría de los alumnos no vean las lenguas como el peor de sus enemigos, e incluso algunos de ellos se interesen por la filología, nos podemos dar por satisfechos.
Así pues, tengo bastantes esperanzas en este proyecto que iniciamos como compañeros de viaje. Creo que acercar puntos de vista, compartir experiencias como profesores de lenguas y aunar criterios y metodología va a ser más fácil y enriquecedor de lo que imaginamos. Y, por supuesto, me apetece enormemente compartir tardes de café y tertulia en tan agradable compañía.

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