"No usemos la lengua para la guerra, y menos para la guerra de las lenguas, sino para la paz, y sobre todo para la paz entre las lenguas". CAMILO JOSE CELA.
Compartimos las herramientas.
Y las pizarras.
Nuestros alumnos son los mismos.
Hablemos, pues, en cualquier lengua.
Tuesday, November 30, 2010
ESPAÑOL: ¿Y PARA QUÉ?
Hoy vengo enfadada del Instituto. Últimamente suele ocurrirme muy a menudo. He tenido cuatro clases, dos de tercero y dos de cuarto y vengo en el coche pensando: “Oye, ¿qué estás haciendo? ¿Para qué haces esto? ¿Por qué te empeñas en enseñar a esos niños que no me quieren escuchar?”. La respuesta no es porque soy masoquista (aunque es lo primero que pensé), es más bien que tengo esperanza, tengo esperanza en enseñarles algo pero ¿el qué? ¿Lengua Castellana y su Literatura? Sí, soy profesora de esa asignatura pero ¿por qué? ¿Por qué enseño una lengua que es la mía y qué los alumnos manejan? La respuesta puede tomarse desde varios puntos de vista:
Una razón puede ser que intento poner un orden en el maremagnum de español que tienen en la cabeza. Y así se explica por qué cuando me preguntan: “Maestra, ¿y la sintaxis para qué sirve?”. Mi respuesta siempre es la misma: “Para que pienses, hijo, para que sepas que existe un orden, una lógica y unas reglas y seas capaz de plantearte transgredirlas”. Para que sepas que debes seguir unas reglas que la sociedad te dicta, unas reglas que alguien ha escrito y no sabemos por qué, pero reglas al fin y al cabo, que podrás seguir en unas ocasiones y que podrás saltarte en otras.
Por otro lado, si pensamos más allá, si pensamos en el valor de nuestra lengua como identidad, como marca de la casa, como símbolo de nosotros mismos: ¿Por qué enseño castellano? Por una razón muy sencilla: la lengua es el primer paso, es la puerta, es el picaporte, es la manilla al conocimiento, al conocimiento de una sociedad, de un mundo diferente, desconocido, raro, que nos hace abrir la mente. La lengua es como la llave que abre un nuevo mundo de mentalidades, de vivencias, de reglas, de normas y de maneras, de sensaciones, de sentimientos…de personas, al fin y al cabo. La lengua es el medio de saber por qué los ingleses toman el té a las cinco o por qué los franceses toman de postre queso; la lengua es poder llegar a Berlín y compartir con un alemán una buena cerveza negra o a Rusia y acompañar un buen vodka con una buena conversación (¡No se me ocurren más tópicos!), la lengua es el primer instrumento de socialización, es el medio de relacionarnos, es el medio de conocernos y es, finalmente, el medio de convivir. Vivimos en un mundo grande, lleno de mucha gente, tenemos que convivir y para ello tenemos que conocernos y para ello tenemos que hablarnos, y ya sea por carta, por mail, por teléfono, por señas o simplemente por vía oral, tenemos que intercambiar lenguaje, y el nuestro, el que nos caracteriza, es el castellano.
MONTSERRAT CONTRERAS INIGUEZ
I.E.S. San Miguel, Jabugo.
Monday, November 29, 2010
REFLEXION INICIAL "La ensenanza/aprendizaje de lenguas segun mi punto de vista", de Rocio Cano, Dpto. de Frances.
Creo que, en la actualidad, el dominio de una lengua, ya sea la nuestra propia como la extranjera supone un enriquecimiento para nuestra personalidad.
En mi caso comencé aprendiendo a leer, escribir y expresarme en español, mi idioma natal. Recuerdo que me costó muchísimo solventar mis faltas de ortografías propias de la edad; pero por otro lado siempre he sentido curiosidad por poder comprender o mejor dicho “saber lo que una persona extranjera decía”. Es así que mi interés por la lengua francesa fue creciendo. A veces, en clase, los alumnos no se muestran muy receptivos al aprendizaje de una lengua y consideran que pierden el tiempo “no me va a servir para mucho”. Yo les pregunto: “¿no tenéis curiosidad por saber o entender lo que hablan o está escrito?”. Cuesta mucho hacerlo comprender.
Particularmente considero que el dominio de una lengua nos ayuda a nivel profesional y personal, cualquiera que sea siempre será beneficioso ( aunque para ello tengamos que aprendernos la teorías lingüísticas de ChomsKy).
Hoy día en nuestras clases resulta difícil en su mayoría hacer entender a los alumnos que pueden sacar un gran provecho de ello.
Rocío Cano, del departamento de francés.
Sunday, November 28, 2010
REFLEXION INICIAL DE MARIA SALES, DEL DPTO DE LENGUA INGLESA
Me inicio en este espacio de reflexión de forma un poco tardía, por lo que pido disculpas. No obstante, este hecho me ha permitido curiosear un poco por los textos vertidos aquí por vosotros y hacerme así una idea de vuestra filosofía en cuanto al tema en cuestión: el aprendizaje de lenguas. Para no ser menos, ni defraudar a la audiencia, comenzaré con una pequeña historia: la de una niña que quería ser políglota.
Imaginemos a una niña de cuatro o cinco añitos, cogiendo la ropa de mamá a escondidas y pintándose los labios de carmín. Esa niña que imitaba coreografías de la artista de moda frente al espejo, también memorizaba las palabras que su hermano mayor le había escrito en un papel, ayudándose de un pequeño y amarillento diccionario Sopena Español-Inglés, Inglés-Español. Esas palabras no tenían ningún sentido porque no existían. Solo correspondían a lo más parecido a una transcripción al español de las grafías que su hermano había encontrado en una de esas revistas juveniles- yuvgastail, dasgüeroldegelsei. Aquella niña no tenía ni la más mínima idea de lo que estaba diciendo, pero no le importaba. Lo que sí apreciaba era la musicalidad, el sonido de aquellas palabras acompañadas por la melodía. Al mismo tiempo, y a pesar de su corta edad, sentía en su interior una extraña sensación de satisfacción por ser capaz de pronunciar esos términos tan exóticos para ella. Aquella pequeña creció amando una lengua que no era la materna, pero que hizo suya a base de tesón y buen oído. Una lengua que más tarde saborearía y cuyos misterios trataría de descifrar leyendo el Ulysses de James Joyce,
Con el paso de los años, y después de haber estudiado aquel idioma que tanto me ha atraído siempre, he vuelto a escuchar aquellas canciones de mi niñez. No he podido más que sorprenderme al darme cuenta de que el bagaje acumulado me permitía identificar claramente las palabras una a una, y pensar - muchas veces con cierta desilusión por la simpleza del mensaje- “ah, ¡pero si era esto lo que decía...!”. Por eso, cada vez que los alumnos se quedan al final de la clase y me preguntan: “¿Qué significa tal palabra? Es que la he escuchado en una canción de no sé qué rapero...”, se me enciende la cara y me apresuro a contestar a esos curiosos chavales, animándoles a que sigan escuchando música en inglés - hago un inciso para confesar que el rap es uno de los tipos de música que menos me llaman, not my cup of tea.
Os preguntaréis, entonces, el porqué de mi entusiasmo cuando esto ocurre. Es bastante simple de hecho. Cuando un alumno se interesa por saber lo que dice una canción, o una película, o el último juego de la playstation, se da un factor básico para cualquier tipo de aprendizaje: MOTIVACIÓN. Sin este elemento, el aprendizaje se hace costoso y aburrido, y a veces un obstáculo insalvable para el alumnado. Estamos hartos de ver casos de adolescentes completamente desmotivados en sus clases de lenguas extranjeras, cuestionándose el sentido de aprender una lengua que no entienden y que no les sirve para nada puesto que, según ellos, no van a salir de su pueblo en su vida, o o se van a dedicar a cuidar guarros... What's the point, then?
Dicho esto, cabe formular la siguiente pregunta: ¿qué papel jugamos como docentes en todo esto? Bajo mi punto de vista, nuestro enfoque y nuestra implicación es vital a la hora de entusiasmar al alumnado en cuanto al aprendizaje de lenguas. Si queremos motivar a nuestro alumnado, ¿debemos limitarnos a ofrecerles interminables listas de vocabulario o de tiempos verbales sin ton ni son, que deben memorizar sin saber para qué?; ¿ debemos ser duros cuando, después de mucho esfuerzo, el alumno que se lanza a decir una frase comete varios errores? En este punto, vienen a mi cabeza las palabras de incredulidad que alguna vez escuché de algún compañero que, con sorna, me decía: “¿ Qué propones hacer entonces, divertir a los alumnos? A mí no me pagan para ser un payaso.”
No se trata de eso, compañeros, sino de acercar al alumno la materia de forma amena y entusiasta, de hacerles consciente de la utilidad de aprender otra lengua y de como eso puede ayudarles en sus relaciones personales, en su vida cotidiana o en su profesión el día de mañana; de presentarles la lengua como una herramienta de comunicación, que los hará llegar a los demás y, al mismo tiempo, hará que los demás lleguen a ellos; de hacerles conscientes de que es una forma de ampliar su percepción del mundo, porque la lengua no viene aislada, sino acompañada del conocimiento de la cultura y de la sociedad; de, sin ir mas lejos, hacerles comprender que la comunicación a través del uso de la lengua es, para el ser humano, como comer o respirar, simplemente imprescindible. Yo abogo, pues, por una enseñanza de las lenguas significativa, que sea capaz de motivar a los alumnos, contextualizando siempre los contenidos. Abogo por una enseñanza que fomente por igual las cuatro destrezas comunicativas, en la que los alumnos sean partícipes de su propio aprendizaje, animándoles en sus progresos con constante refuerzo positivo - positive feedback-, tratando de reducir la ansiedad a través del filtro afectivo, como Krashen nos enseñó. Esto no será infalible, pero sí efectivo en cierta manera. Y si al menos conseguimos que la mayoría de los alumnos no vean las lenguas como el peor de sus enemigos, e incluso algunos de ellos se interesen por la filología, nos podemos dar por satisfechos.
Así pues, tengo bastantes esperanzas en este proyecto que iniciamos como compañeros de viaje. Creo que acercar puntos de vista, compartir experiencias como profesores de lenguas y aunar criterios y metodología va a ser más fácil y enriquecedor de lo que imaginamos. Y, por supuesto, me apetece enormemente compartir tardes de café y tertulia en tan agradable compañía.
Wednesday, November 24, 2010
Hablar por hablar
Expresar los más hondos sentimientos, discernir las más profundas cuestiones, analizar las más complejas teorías, opinar sobre los más dispares aspectos, enunciar los más intrascendentes asuntos, en definitiva, comunicar, comunicar, comunicar, es decir, emitir enunciados con diferentes intenciones comunicativas y en distintas situaciones. En las diferentes lenguas se modifican los sistemas de signos y las reglas para combinarlos pero, en realidad, solo tenemos otras palabras y estructuras diferentes para expresar los mismos sentimientos, las mismas inquietudes, las mismas realidades.
Por ello, Unidos por distintas lenguas, refleja las mutuas relaciones que se establecen entre los distintos idiomas, no quiero centrarme en relaciones que emanan de la evolución, sino relaciones desde el plano pragmático, en relación a los actos de habla, al conocimiento del mundo y al uso de los hablantes y de las circunstancias comunicativas. En estas relaciones, no importan los significantes, la materia, sino el significado, el contenido, la necesidad de poder expresar lo que está en nuestra cabeza a través de distintas lenguas, la virtud de poner comunicar una misma idea con palabras y estructuras dispares, el poder que nos proporciona el comunicarnos con personas de otras partes del mundo en su lengua.
Damaso Alonso definirá la lengua a través de una sugerente metáfora “la lengua y la literatura son la puerta y la ventana al mundo”. La lengua abre la puerta para conocer al mundo, pues ella permite que nos podamos comunicar. La literatura sería la ventana porque es una posibilidad más que se suma a esa puerta para enriquecernos. Abrimos una puerta con el conocimiento de la lengua materna, cuántas puertas podemos abrir con el aprendizaje de otras lenguas, cuántos mundos podemos conocer, cuánto nos podemos enriquecer.
Sin duda, el aprendizaje de la escritura de las lenguas es crucial, pero, para terminar, quiero hacer hincapié en la importancia de la oralidad. El hombre dedica el 80 % de su tiempo a comunicarse de forma oral, por lo tanto, el aprendizaje de las lenguas debería centrarse en hablar y escuchar. Habría que dotar a los alumnos de los recursos necesarios para que puedan entender y hacerse entender, para que realmente puedan usar la lengua adecuadamente, para que sea un instrumento eficaz que les permita adecuarse a las diferentes situaciones y usar los distintos registros.
Así que hablemos, hablemos para conocer el mundo, hablemos para relacionarnos, hablemos por hablar, eso sí, usando las distintas lenguas.
Belén Cascajo Vázquez
Sunday, November 21, 2010
REFLEXION INICIAL DE CARLOS, DEPARTAMENTO DE INGLES, I.E.S. SAN BLAS, ARACENA
“La enseñanza/aprendizaje de lenguas según mi punto de vista”
para el grupo de Trabajo “Unidos por distintas lenguas”,
del I.E.S. San Blas, de Aracena.
Noviembre 2.010.
Mi padre me dio un duro en Córdoba la primera vez que pronuncie bien “perro”. Tuve luego que aprender a decir el final de las palabras y a cerrar un poco las vocales cuando nos trasladamos a León. Mas tarde, el catalán se quedó a vivir conmigo en las calles de Reus, y en sus escuelas, con su literatura, su gramática, su ortografía, su política. El significado de “Filología” lo descubrí en Valladolid en un diccionario, instantes después de haberme matriculado. Volví al sur ya mayorcito, con demasiadas sibilantes y unos cuantos diccionarios.
En Birmingham y San Francisco descubrí que el inglés de mi Licenciatura no era suficiente para hablar de algo mas que de Chomsky, y se me antojaba francamente precario en lo relativo a los vocablos relacionados con la ropa interior. En Tahití me apañé con un cóctel francés de español, ingles y catalán para mostrar mi sorpresa cuando pagué cuatro dólares por un yogur, al tiempo que intentaba recordar el nombre de aquella maestra anciana de francés y del chico nativo del que copié los exámenes en dos cursos de mi educación primaria.
Un día me sorprendí a mi mismo intentando enseñar la omisión opcional del pronombre relativo en inglés a dos médicos antes de incluso decirles buenos días. Y recuerdo, cómo no, los restos de tinta roja en mis manos después de censurar numerosos incunables trabajos de escritura de mis párvulos adolescentes. Y aquel médico que demostró a Chomsky, cuando, manipulando los animales de juguete que usábamos en nuestras clases privadas, dijo: “The cat is running. The dog is drinking water. The donkey is fucking the cow”.
Estaba nublado cuando descubrí mi primer libro de Krashen en la biblioteca del British Institute de Sevilla. Y muy soleado el día en que, en Los Ángeles, me dijo que el también se había metido en muchos líos por sus teorías, al tiempo que me dedicaba un ejemplar de “Learn a Language The Easy Way”.
La única estudiante que no aprobó aquella lejana navidad en Baza me rompió el corazón cuando, sumida en lágrimas, insistió en que aceptara el doble LP de Los Beatles que tanto habíamos canturreado. La LOGSE hervía en los claustros y en mis creencias. Los Reyes Magos me dijeron que esa chica estaba aprobada.
Me es difícil, por todo ello, distinguir claramente entre lo que es aprender, enseñar y usar la lengua. Me cuesta hablar sin opuestos. Se que hay aprendizaje sin enseñanza y enseñanza sin aprendizaje.
Lo que si sé es que mis lenguas se entrelazan, se saludan las palabras cuando se encuentran por un idioma o por otro. El abuelo Latín calcetín de mis hispanitos angelinos, brincando siempre entre el inglés, el español y sus dialectos mayas. Mi catalán es amigo de mi francés, y juegan. Me gusta decir “te quiero” en catalán y brindar en ruso. El japonés tiene mis cinco vocales favoritas aunque, la verdad, todas las que tengo son bonitas.
Decididamente, mi maleta de maestro y de aprendiz de lenguas es de por vida. Un viaje duradero, independiente, intercontinental, interrelacionado, curioso, enamorado. Un viaje que, lección tras lección, siempre deseo a mis alumnos. Y a mis profesores.
Saturday, November 20, 2010
JULIETA- [aparte] Sólo tu nombre es mi enemigo. Tú eres tú propio, no un Montesco pues. ¿Un Montesco? ¿Qué es esto? Ni es piano, ni pie, ni brazo, ni rostro, ni otro componente.¡Oh! ¡Sé otro nombre cualquiera! ¿Qué hay en un nombre? Eso que llamamos rosa, lo mismo perfumaría con otra designación. Del mismo modo, Romeo, aunque no se llamase Romeo, conservaría, al perder este nombre, las caras perfecciones que tiene. Mi bien, abandona este nombre, que no forma parte de ti mismo y toma todo lo mío en cambio de él.
ROMEO- [surgiendo de la espesura del jardín] ¡Te tomo la palabra! Llámame tan sólo tu amante y recibiré un segundo bautismo: de aquí en adelante no seré más Romeo.
Con estas palabras renuncia Romeo a su naturaleza anterior y declara el nuevo impulso que le da aliento a sus días. Es un acto de habla que encierra una declaración de amor y entierra el hacha guerrera que enfrenta a los Montesco con los Capuleto.
Según la teoría de los actos de habla de Austin y Searle, con el lenguaje no nos limitamos a designar la realidad: hablar equivale a actuar sobre el mundo y modificar el entorno; por medio de la palabra prohibimos, creamos, establecemos la paz o la destruimos; un gesto o una acción modifican el presente; el Verbo es capaz, además, de actuar sobre el pasado y sobre el futuro: se fabrica la Historia y se diseña el porvenir. En nuestras declaraciones, en nuestras palabras, se halla nuestra propia esencia y nuestro discurso equivale a -¡es!- nuestra identidad. En el fragmento de Shakespeare, Romeo, al decir “Llámame tan sólo tu amante y recibiré un segundo bautismo: de aquí en adelante no seré más Romeo” se modifica a sí mismo consagrando su existencia a la diosa Venus y, por lo que a sí respecta, cancela el odio entre las dos familias.
Quien se viste con la designación Montesco, o catalán, o don vive bajo el yugo de ciertas rivalidades impuestas; quien dice mío, está obligado a defender su propiedad; el que señala: “esta semana” o “ de aquí a aquí” establece una fragmentación en el continuo del espacio-tiempo. Así, desde los albores de la Humanidad, cada pueblo, cada raza, ha ido creando una realidad: las desinencias verbales (tiempo, aspecto y modo para los indoeuropeos) establecen el marco temporal en que nos movemos y la identidad dentro de la comunidad (persona y número); los sustantivos, la cualidad que consideramos inmanente de los objetos, y establecemos qué percibimos como unidad y dónde se hallan las fronteras y los límites, mientras que por los adjetivos referimos los aspectos cambiantes, heraclitianos del Universo. Después, con ayuda de las otras categorías gramaticales, construimos las relaciones entre los objetos: la causa y el efecto, la oposición, la sucesión, la salvedad, etc., hasta que con esta maquinaria estamos más o menos seguros de haber aprehendido la realidad.
Sin embargo, existen pruebas de que no hay una única cosmovisión, sino una sorprendente variedad de interpretaciones de la realidad que depende siempre de la lengua que hayamos mamado. A mí me gusta referir el caso de los indios Hopi de Norteamérica: en su lengua no existen ni la simultaneidad ni las nociones de presente, pasado y futuro. El sistema lingüístico que han heredado les dibuja el mundo en dos dimensiones: lo que está presente y lo que no, de manera que en sus vidas tanto cuenta el que murió como el que está por nacer, y lo mismo vale la ofensa pasada que la amenaza futura, o lo que me robaron como lo que he soñado.
Mientras Occidente trata de frenar el estrés escuchando del pensamiento zen que la vida es Aquí y Ahora, y lo demás no existe, y así tratamos de no pensar en el próximo concurso de traslados o en la novia que nos dejó, aunque en el fondo pensamos que el zen es un cuento chino, los hopi viven en una despreocupación que nos podría parecer irritante, irresponsable o ignorante. Pero el hecho es que el cuento de la lechera es un absurdo juego retórico para los hopi, más inclinados a la poesía que a los relatos moralizadores. Yo quiero ser hopi para abrirle la cabeza al enemigo cuando se presente y, mientras lo hace y no lo hace, despreocuparme como un Garcilaso en las amenas orillas cambiantes de un verde prado.
Y he aquí otra de mis referencias favoritas: decía Carlos V: “soy tantas veces hombre cuantas lenguas hablo”. Es decir, que su posición en el mundo, su planteamiento de la vida, la relación con la Naturaleza, con la sociedad, con las leyes o con la personalidad; con toda parcela del Universo que seamos capaces de designar, cambia al manifestarse por medio de un código u otro. Es conocida la clasificación del Emperador, según la cual el italiano serviría para tratar con los hombres y el francés para abordar asuntos amorosos, mientras que hacía del alemán el instrumento perfecto para comunicarse con los caballos y del español la lengua para hablar con Dios. Yo, por mi parte, veo el inglés como un código de conquista, agresivo y sometedor, en tanto que el alemán se me antoja perfecto para los artesanos y los teólogos , por su precisión y meticulosidad; el portugués es tan discreto y comedido que cuando lo utilizan los diplomáticos y embajadores parece que la paz, o al menos el cese de las hostilidades, es aún posible; el árabe, que sale desde dentro, me parece más apto para hablar con el Creador de lo que es el español, que reservaría para a novela y los ensayos, mientras que el italiano... el italiano... Guarda che c'è troppa bellezza nel italiano, il quale mi sa un pò di vento e un pò di poesia!
Y así sucesivamente: dele cada cual las connotaciones que le parezca a los más de seis mil idiomas que conviven en el mundo. Pero he aquí mi reflexión final: la lengua es la gran creación humana; el lenguaje discursivo, que es la característica exclusiva del género humano, se manifiesta en -otra vez- más de seis mil variedades casi equivalentes a seis mil universos. No sé quién decía que quien se queja de que el idioma nos limita y costriñe, como el agua que hace los movimientos del pez más lentos de lo que serían al aire libre, no se da cuenta de que, sin la pecera y sin el líquido elemento, la sardina no podría vivir, moverse ni manifestarse. La lengua es el contexto, el recipiente, el vehículo y la herramienta que nos sitúa en el mundo y nos permite ser lo que somos, aunque sea encarcelados. Suerte que son más de seis mil cárceles las que podemos transitar.
Thursday, November 18, 2010
REFLEXION INICIAL DE MARIA JOSE, DEL DEPARTAMENTO DE LENGUAS CLASICAS
Con todos Vds.:
ENSENANZA DE LENGUAS
-Origen comun
-Conexion lenguas clasicas y lenguas extranjeras
-Diferentes enfoques ensenanza, cfr. ensenanza tradicional/ensenanza moderna
-Proyecto comun
La primera conexion de las lenguas clasicas y las lenguas extranjeras radica en su propio origen, el indoeuropeo, que se desvela en la semejanza de sus lexicos, procedimientos gramaticales, foneticas, nociones culturales... y que las une inevitablemente.
La ensenanza del latin no puede concebirse sin su estrecha relacion con otras lenguas derivadas. Es imposible analizar y traducir al castellano un texto en latin si antes no se ha asimilado la estructura morfosintactica de la propia lengua espanola. De ahi la importancia de la coordinacion y union en la enssenaza de los Departamentos de Lengua Castellana y de Lenguas Clasicas.
Del mismo modo, el apoyo de lenguas extranjeras como el frances o el ingles refuerza la ensenanza, sobre todo el vocabulario y la fonetica del latin por ser lenguas modernas que se hablan en la actualidad y que constan de gran cantidad de terminos latinos, etimologicamente hablando.
Todo ello seria igualmente extrapolable a la ensenanza del griego.
Ahora bien, la ensenanza de lenguas clasicas encuentra varios obstaculos importantes: su aprendizaje solo se realiza en dos cursos escolares (maximo 3); selectividad exige un analisis y traduccion perfectos que obligan a trabajar con testos clasicos "escritos" de una manera sistematica; son lenguas que no se hablan en la actualidad. Por ello, el concepto de "oralidad" tan relevante para ensenar y aprender otras lenguas no puede aplicarse mas que en retroversiones o algunas frases cortas de complejidad minima, pues no hay tiempo para que el alumno aprenda a pensar de manera rapida y fluida en las estructuras del latin no el griego para poder hablarlos.
En definitiva, me remito al nombre de nuestro grupo de trabajo "Unidos por distintas lenguas", idea que este Departamento lleva intentando e intentara demostrar siempre, en la esperanza de conseguir llegar a criterios de actuacion comunes en la ensenanza de las lenguas y de romper la separacion que se ha venido dando a la ensenanza "tradicional" del latin y el griego frente a la ensenanza "moderna" de las lenguas extranjeras.
Maria Jose
Departamento de Lenguas Clasicas
Wednesday, November 17, 2010
QUERIDOS POLIGLOTISTAS:
PAULA HA SIDO LA PRIMERA EN OFRECERNOS SU REFLEXION INICIAL, "LA ENSENANZA DE LENGUAS SEGUN MI PUNTO DE VISTA".
AQUI OS LA DEJO, DESEANDO UNIR LA DE LOS DEMAS CONTERTULIOS.
Reflexión inicial sobre la enseñanza de lenguas.
Como profesora de lengua castellana y literatura, cada curso me encuentro con el mismo gran “problema”: convencer al alumno de la utilidad de mi asignatura. En este sentido, los profesores de lengua castellana partimos de una situación de desventaja con respecto a nuestros compañeros que enseñan segundas lenguas: los alumnos no ven práctico dedicar tantas horas a una lengua que creen dominar, la materna. Creen que la dominan porque no intuyen el poder que otorga la palabra bien usada ( poder de convicción, de seducción...). Es nuestro deber, por tanto, hacerles ver que la lengua es una herramienta para expresar ideas y sentimientos a quienes nos rodean, pero también un medio vinculado al pensamiento en general, y en particular al conocimiento. Nos encontramos con las dos caras de la misma moneda: una interior, factor decisivo para el desarrollo psicológico individual por medio del cual regulamos y orientamos nuestra propia actividad; y otra exterior, la que nos hace integrarnos en el contexto en el que vivimos, en nuestro «entorno social».Porque la lengua, enfocada desde su dimensión social, se revela como un medio imprescindible para la concordia ciudadana, para reflejar un comportamiento cívico, para actuar en el contrato social ejercitando derechos y obligaciones. De este modo, si hacemos ver al alumno que el lenguaje es una «herramienta», tendremos que incidir en estrategias que desarrollen las destrezas más adecuadas para la utilización de esa herramienta. Para mí, es más importante saber hacer cosas con la lengua que saber muchas cosas sobre la lengua. Todavía hoy, es habitual encontrarnos en las aulas con planteamientos predominantemente descriptivos acerca de cómo funcionan las unidades de la lengua (fonema, morfema, lexema, sintagma, oración…) descontextualizadas, mediante los cuales se da a entender que la lengua es un conjunto de abstracciones teóricas. Estos planteamientos anteponen la reflexión y la descripción de un sistema tan complejo como la lengua al uso de la misma. Pero la realidad nos indica que el proceso debería ser a la inversa: primero usamos la lengua, y después reflexionamos sobre el uso para hablar, escuchar, leer y escribir más y mejor.
Por otra parte, y en lo que se refiere al proyecto bilingüe del centro, sin duda alguna, el departamento de Lengua Española debería estar incluido en él. El aprendizaje de una lengua extranjera solo puede sustentarse en la sólida base del conocimiento y dominio de nuestra lengua materna. Teniendo como base la estructura y los parámetros de la Lengua Española, los alumnos multiplican por mil sus posibilidades de conocer otra lengua aplicando este conocimiento para la construcción de oraciones y el manejo de tiempos verbales en la peculiar estructura lingüística de cada lengua extranjera.
Paula Maestre Rico.