Todos somos profesores de lengua.



Compartimos las herramientas.

Y las pizarras.

Nuestros alumnos son los mismos.



Hablemos, pues, en cualquier lengua.







Friday, June 14, 2019

Entre suspender a la mayoría y regalar los aprobados existen muchos medios caminos y muchas cosas que decir. ¿Como docentes, estamos en el aula para exigir un nivel o para procurarlo? ¿Cómo se demuestra el aprendizaje? ¿Hay que esperar resultados distintos tras ciento cincuenta horas de instrucción en la privada y en la pública? Como docente, acepto como principal compromiso lograr el progreso de todo el alumnado, y, además, documentarlo. ¿También el progreso de los que no quieren aprender? Si nos convencemos de que esos son precisamente los que más necesitan hacerlo, la respuesta es afirmativa. Para mí, enseñar es lograr que el aprendizaje se produzca, cualquiera que sea el brebaje, exigiendo, seduciendo, cosquilleando, a tiros, a flores, como ayer, como pasado mañana. Muchos son los caminos que nos aporta la pedagogía y la legislación para conseguir y demostrar el logro. He puesto dos artículos en LECTURITAS que representan los dos extremos del segmento suspenso/aprobado. ¿Cual de los dos os llevaríais a una isla desierta?