REFLEXION INICIAL DE BELEN, DEL DEPARTAMENTO DE LENGUA ESPANOLA.
Hablar por hablar
Expresar los más hondos sentimientos, discernir las más profundas cuestiones, analizar las más complejas teorías, opinar sobre los más dispares aspectos, enunciar los más intrascendentes asuntos, en definitiva, comunicar, comunicar, comunicar, es decir, emitir enunciados con diferentes intenciones comunicativas y en distintas situaciones. En las diferentes lenguas se modifican los sistemas de signos y las reglas para combinarlos pero, en realidad, solo tenemos otras palabras y estructuras diferentes para expresar los mismos sentimientos, las mismas inquietudes, las mismas realidades.
Por ello, Unidos por distintas lenguas, refleja las mutuas relaciones que se establecen entre los distintos idiomas, no quiero centrarme en relaciones que emanan de la evolución, sino relaciones desde el plano pragmático, en relación a los actos de habla, al conocimiento del mundo y al uso de los hablantes y de las circunstancias comunicativas. En estas relaciones, no importan los significantes, la materia, sino el significado, el contenido, la necesidad de poder expresar lo que está en nuestra cabeza a través de distintas lenguas, la virtud de poner comunicar una misma idea con palabras y estructuras dispares, el poder que nos proporciona el comunicarnos con personas de otras partes del mundo en su lengua.
Damaso Alonso definirá la lengua a través de una sugerente metáfora “la lengua y la literatura son la puerta y la ventana al mundo”. La lengua abre la puerta para conocer al mundo, pues ella permite que nos podamos comunicar. La literatura sería la ventana porque es una posibilidad más que se suma a esa puerta para enriquecernos. Abrimos una puerta con el conocimiento de la lengua materna, cuántas puertas podemos abrir con el aprendizaje de otras lenguas, cuántos mundos podemos conocer, cuánto nos podemos enriquecer.
Sin duda, el aprendizaje de la escritura de las lenguas es crucial, pero, para terminar, quiero hacer hincapié en la importancia de la oralidad. El hombre dedica el 80 % de su tiempo a comunicarse de forma oral, por lo tanto, el aprendizaje de las lenguas debería centrarse en hablar y escuchar. Habría que dotar a los alumnos de los recursos necesarios para que puedan entender y hacerse entender, para que realmente puedan usar la lengua adecuadamente, para que sea un instrumento eficaz que les permita adecuarse a las diferentes situaciones y usar los distintos registros.
Así que hablemos, hablemos para conocer el mundo, hablemos para relacionarnos, hablemos por hablar, eso sí, usando las distintas lenguas.
Belén Cascajo Vázquez
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